miércoles, 10 de febrero de 2016

Consejo para ayudar a tu hijo cuando tiene miedo

Lo que no debes hacer cuando tu hijo sienta miedo

No debemos ignorar los miedos de los niños y sí ayudarles a superarlos


Es tan importante saber lo qué hacer cuando los niños sienten miedo como lo que no se debe hacer. Para que los niños superen sus miedos, la actitud de los padres es esencial. Corresponde a los padres respetar, comprender y buscar entender los miedos de sus pequeños.
Los miedos infantiles son inevitables pero si el niño cuenta con el apoyo y la paciencia de sus padres, el miedo sólo será una palabra de 5 letras. Es necesario que el niño sienta confianza en alguien sí controlables si el niño cuenta con la confianza y la ayuda de sus padres y cuidadores.

Cómo ayudar al niño a superar sus miedos



- No asuste a tu hijo con historias de ogros, de fantasmas, de brujas, etc., principalmente antes de acostarle. Tienes que decirle que estos personajes solamente existen en los cuentos y películas...
- No te rías de los temores que tu hijo expresa. Si ridiculizas o burlas de su miedo disminuirá su confianza. Frases como No seas tonto, niños como tu no deben tener miedo de eso, o No tienes vergüenza de tener estos miedos..., no contribuirán para disminuir el temor que él siente. Al revés, le desanimará a compartir sus temores contigo.
- No transmita mas miedo a tu hijo del que ya tiene. Él necesita tener su seguridad y confianza. No ignore sus miedos. No le mienta, por ejemplo, diciéndole que una inyección no le dolerá o algo parecido. Si mientes sobre una situación de miedo le producirá más temor. Ayúdale a prepararse para enfrentar la situación con la verdad y con honestidad. Si tu hijo tiene miedo de irse al colegio, oiga sus razones, llévalo de visita a la escuela, enséñale su clase y habla sobre lo mucho que irá aprender allí.
- No obligues a tu hijo a pasar situaciones que él teme. Los miedos no se superan enfrentándose a la situación de una vez por todas. En lugar de ayudar, algunas veces esto intensifica el miedo. Tu hijo tiene el derecho de acostumbrarse poco a poco a situación que él teme. No le obligues ver una película de la cual él tiene miedo, o que acaricie a un perro que no le gusta, o que se monte en una montaña rusa cuando vayan a un parque de atracciones.
- No transmita sus temores personales hacia tu hijo. Si tienes miedo a las arañas, tu hijo puede sentirlo. La forma en que enfrentas tus propios miedos le da a tu niño el patrón a seguir para enfrentar situaciones similares. El miedo también se aprende.
- No le llames de cobarde o infantil a tu hijo si se muestra temeroso ante cualquier situación. No le ridiculices. Eso no le ayudará en absoluto. Le hará sentirse inseguro, necesitado de cariño, solitario y sin comprensión.
- No le obligues a afrontar su miedo en solitario. Este es un tremendo error. Nunca obligues a tu hijo a entrar a oscuras en su habitación si no quiere hacerlo. Provocarás un aumento de su ansiedad y contribuirás a alargar ese miedo e incluso a perpetuarlo. Además, el sentimiento de no ser capaz de afrontar la situación no le dejará sentirse orgulloso de sí mismo.
- No le des demasiada importancia. Si cada vez que veas un perro te interpones entre tu hijo y el animal e insistes en que tu le defenderás, el niño acabará pensando que todos los perros son realmente peligrosos y no podrá superar su miedo.
- No ignores los miedos de tu hijo. Si así lo haces, el niño se sentirá perdido y solo. No encontrará la forma de enfrentarse al problema y percibirá por tu parte desinterés y falta de cariño y de atención.

jueves, 3 de septiembre de 2015

RECORDAR LO APRENDIDO JUGANDO ES MUCHO MEJOR

"El juego guiado reduce la distracción; es como una lente que nos ayuda a dirigir la atención a lo que queremos que aprendan -dijo Hirsh-Pasek-. Es decir, crea un escenario que prepara a los chicos para el descubrimiento y la exploración. Pero también demanda mucho más tiempo y esfuerzo de los maestros."



  • El juego dirigido es un componente fundamental del aprendizaje. Ayuda a "enfocar" el interés de los chicos.
  • La "receta" más efectiva es combinar la instrucción tradicional con el aprendizaje por el descubrimiento.
  • La "devolución" del maestro comentando errores y aciertos en los ejercicios o exámenes mejora la comprensión y fijación de los conocimientos.
  • Para memorizar datos, es mejor dejar un tiempo entre repeticiones. Lo muestran los trabajos realizados con estudiantes universitarios.
  • Tomar pruebas frecuentes es mejor que insistir en la memorización.
  • Los exámenes asociados con el feedback del profesor ayudan a reconsolidar lo aprendido.
  • Alimentar las preguntas de los chicos y alegrarse cuando tienen éxito hará que perseveren frente a la dificultad.
  • Por estas razones entre otras, les dejo algunas páginas en las que podrán disfrutar con sus hijos de juegos interactivos, con los cuales los niños y niñas podrán recordar, aprender, ejercitar su memoria, y todo eso lo harán jugando.
    Pincha sobre la dirección y luego sigue el enlace.


    juegos divertidos para ejercitar la comprensión lectora

    practica las tablas de multiplicar

    juego de la oca de las tablas de multiplicar

    ejercitamos la velocidad lectora con un karaoke


    Espero que os disfrutéis .

     El juego constituye un elemento básico en la vida de un niño, que además de divertido resulta necesario para su desarrollo. 


    Consejos para padres de niños en el tercer año de primaria


    NUESTROS NIÑOS YA ESTÁN EN 3º DE PRIMARIA


    Lea, hable y piense acerca de las formas en que sus hijos puedan mejorar su comprensión, pues es la meta fundamental de aprender a leer. Los siguientes consejos le ofrecen maneras divertidas para ayudar a que sus hijos se conviertan en lectores seguros y contentos. Intente diferentes consejos cada semana y vea cuales funcionan mejor.

    Haga de los libros algo especial

    Convierta la lectura en algo especial. Lleve a sus hijos a la biblioteca, ayúdelos a que obtengan su propia credencial, lea con ellos y regáleles libros. Escoja un lugar favorito para poner los libros en su casa, o mejor aún, ponga libros por todos lados.

    Consiga que lea otro libro


    Encuentre la manera de que sus hijos lean otro libro. Introdúzcalo a series como Harry Potter, Las Crónicas de Narnia, u otro libro de su autor favorito. Pídale a su bibliotecario alguna sugerencia.



    Consulte un diccionario

    Permita que sus hijos lo vean consultar el diccionario. Diga, "Hmm, no estoy muy seguro de lo que quiere decir esta palabra…creo que la buscaré en el diccionario."

    Hable acerca de lo que ve y hace

    Hable de actividades cotidianas para mejorar el conocimiento contextual de su hijo o hija, lo cual es crucial para comprender lo que se lee y se escucha. Por ejemplo, mantenga una conversación ávida mientras cocinan juntos, visitan algún lugar nuevo o ven un programa en la televisión.

    Las primeras veces son difíciles

    Motive a sus hijos cuando escriban. Recuérdele que el escribir consiste en varios pasos. Nadie lo hace bien a la primera.

    Diferentes estilos para diferentes personas

    Lea diferentes tipos de libros para exponer a su hijo a diferentes estilos de escritura. Algunos niños, en especial los varones, prefieren los libros que no son de ficción.

    Enseñe a su hijo "trucos mentales"

    Muéstrele cómo resumir una historia en tan solo unos enunciados o cómo predecir lo que va pasar. Ambas estrategias pueden ayudar al niño o niña a comprender y recordar lo que lee.

    "¿Ya casi llegamos?"

    Use el tiempo que pasan en el auto o en el autobús para juegos de palabras. Hable de cómo sobre significa encima de algo, pero también es donde se ponen las cartas antes de enviarlas por correo. Cuando los niños están muy familiarizados con el significado de una palabra, tienen menos dificultad al leerla.

    miércoles, 2 de septiembre de 2015

    VUELTA AL COLE



    Tras unos meses de descanso y relajación lo ideal es introducir poco antes de la vuelta al colegio nuevos hábitos y horarios para ayudar a los niños a sobrellevar mejor la vuelta a la rutina escolar. Hay que procurar que se acuesten pronto para que estén descansados y vayan acostumbrándose al nuevo despertar.

    10 consejos que funcionan

    Al igual que los adultos, los niños pueden sufrir un bajón anímico tras las vacaciones. Por eso es necesario motivarlos para la vuelta al cole.
    Septiembre supone el reinicio de las rutinas escolares y muchos se enfrentarán a nuevos compañeros, profesores y retos ante los que deben prepararse con antelación.
    Gracias a unos consejos muy sencillos podrás ayudar a tu hijo a vivir los preparativos y los primeros días de colegio sin miedo ni ansiedad.
    Tu actitud y algunas pautas para animar al niño y reorganizar sus rutinas serán de mucha ayuda. Toma nota de estas 10 pautas para motivar a tu hijo en la vuelta al cole.

    1. Tu actitud cuenta

    Aunque estés sumido en la más profunda depresión post-vacacional, no es aconsejable que lo exteriorices delante de tus hijos. No puedes pedirles positividad y buen ánimo ante la vuelta al colegio si tú estás hundido porque has vuelto a tu trabajo. Los niños aprenden por imitación. Si los padres se muestran confiados y alegres ante los retos de la nueva etapa, es mucho más probable que sus hijos encaren el curso con la misma actitud.

    2. Ser paciente con sus altibajos

    Cuando los niños están bajos de ánimo no se muestran abatidos, como los adultos, sino irritables y con poca energía. Es bueno observar si detrás de estos comportamientos puede haber problemas de ansiedad ante el nuevo curso escolar. Si es así, al niño le ayudará que le cuentes cómo superaste tú alguna situación similar o cómo te enfrentas ahora a circunstancias que te resultan, de entrada, poco atractivas. Hay que vigilar también que los nervios ante el inicio del curso no supongan un descontrol en el terreno alimenticio.

    3. Hablar sin agobiar

    Los padres deben estar cerca y accesibles para cuando el niño quiera hablar de sus sentimientos y experiencias en relación a la vuelta al cole, pero no se les debe agobiar ni atosigar con preguntas. Lo más probable es que, de primeras, no les apetezca contar muchas cosas, pero se irán abriendo a medida que se sientan más relajados.

    4. Proporcionarles información previa

    Al igual que nos sucedería a los adultos si cambiásemos de compañeros, de jefe, de oficina… los niños se sienten inquietos y ansiosos ante la llegada del nuevo curso y todo lo que ello implica. Para ayudarlos debemos proporcionarles previamente toda la información de que dispongamos acerca de su nueva etapa en el colegio, pero sin hacer en ningún caso juicios de valor negativos.

    5. Recordar anécdotas divertidas

    Unos días antes del inicio del curso es bueno recordar con el niño anécdotas pasadas o acontecimientos divertidos que haya vivido en el colegio. Si es posible, se puede quedar también con algún compañero o incluso darse un paseo por las instalaciones del colegio.

    6. Preparar la habitación conjuntamente

    Además de organizar el material escolar necesario, es muy positivo que unos días antes de empezar el curso el niño colabore en la preparación de su dormitorio: despejando la mesa de estudio, colocando los juguetes del verano en su lugar, ordenando su escritorio… Es una tarea que le servirá para ser consciente de que las clases tienen un comienzo inminente.

    7. Nuevos propósitos

    Para que el niño se sienta motivado hacia el nuevo curso es importante hablar con él de los retos que le gustaría conseguir este año: apuntarse a una nueva extraescolar, aprender a hacer una manualidad, terminar antes los deberes… Los padres deben apoyarlo en ese propósito y mostrar toda su confianza en que lo logrará.

    8. Algo para estrenar

    Conviene que el pequeño pueda estrenar algo material en cada curso: una mochila, un estuche, un juego de lápices o, incluso, un corte de pelo. Es un pequeño detalle que, sin embargo, le puede ayudar a acometer el curso con más ilusión.

    9. Vuelta paulatina a lo cotidiano

    Durante el verano, los ritmos de comida y sueño cambian en relación al periodo escolar. Pero el curso llega y el niño debe estar físicamente preparado para ello. Es muy importante que descanse lo suficiente y que se alimente bien. En este sentido, conviene ir reinstaurando las viejas rutinas escolares unas dos semanas antes de que empiece el colegio. Lo primero a modificar será la hora de irse a la cama, después la hora de despertarse y finalmente el horario de las comidas, para ir adaptándose poco a poco, y sin brusquedades, a las nuevas exigencias del periodo escolar. Le ayudará física y mentalmente.



    10. La importancia del primer día

    El niño se sentirá mucho más seguro si va acompañado de sus padres el primer día de clase. En la medida en que esto sea posible, él debe tener la tranquilidad de que ese día no va a ir solo al colegio y que sus padres estarán ahí para ayudarle con su inquietud y sus miedos. En esa primera jornada es fundamental que todo se haga con calma y sin prisas para no añadir más estrés al reencuentro escolar.

    jueves, 7 de mayo de 2015

    MITOS CONTRARIOS A UNA MANERA DE EDUCAR POSITIVA

    Mitos contrarios a la parentalidad positiva 


    Con los niños pequeños no se puede dialogar porque no entienden, por eso el cachete es lo más efectivo.

    Los órganos que intervienen en el habla, al nacer, no están preparados para funcionar aún pero el cerebro “emocional” del bebé ya procesa estímulos de este tipo. Antes de adquirir la capacidad de expresarse o entender totalmente el lenguaje hablado (a partir de los 36 meses su entendimiento es casi total), captan perfectamente la intencionalidad del mensaje que le transmites a través de los códigos de comunicación no verbales: los gestos, las expresiones faciales y el tono de la voz de sus padres. 

    El niño o la niña pueden comprender si haces un esfuerzo para adaptar tu lenguaje y tus mensajes y establecer un diálogo con él. 

    El cachete no es violento y a los niños se les olvida enseguida 

    El cachete, tirón de pelo, zarandeo, el insulto, la amenaza, avergonzarle ante otros por su comportamiento, decirle que dejarás de quererle porque no hace lo que quieres, son las tácticas más comunes que algunos adultos emplean para educar a los niños y las niñas cuando no disponen de herramientas de comunicación adecuadas y tampoco se paran a pensar en el impacto que esto tendrá en el desarrollo de sus emociones. 
    Imagina que tu pareja, amigos, familiares o compañeros de trabajo actúan de esta manera contigo cada vez que te equivocas o haces algo de lo que no puedas sentirte orgulloso. Nuestros sentimientos no difieren mucho de los que experimentan los niños y las niñas, salvo en algo muy importante: nosotros sabemos dónde está el límite de lo que es real y lo que no. 

    En la edad adulta disponemos de herramientas para manejar la humillación, la tristeza, el dolor y la rabia a lo largo de nuestra vida, mientras que un niño o niña no dispone de esta autoprotección. Además, el cerebro procesa y gestiona emociones primarias: miedo, alegría, tristeza o ira desde que nacemos. 

    La experiencia de las emociones vividas genera asociaciones, huellas o memorias implícitas de gran carga emocional. Estas huellas, incluso cuando se generan en la edad más temprana, influirán en la forma en la que cada individuo vive las emociones, su tendencia a experimentar un tipo de emoción o en la forma de reaccionar ante ella.


    A mí me pegaron de pequeño y no tengo ningún trauma 

    No podemos saber cómo seríamos si nos hubiesen educado de otra forma. Tal vez, a lo largo de nuestra propia infancia hemos recibido mucho amor, pero también nos hayamos llevado algún azote, cachete, insulto o desaprobación humillante por parte de nuestros padres y esto no nos parezca algo malo ni traumático. Pero no debemos asumir 
    como natural la convivencia de amor y violencia. Siempre podemos hacerlo mejor y más aún aprovechando el conocimiento recopilado en estas últimas décadas sobre modelos efectivos de crianza de acuerdo al desarrollo emocional y cognitivo de los niños. 

    Cuando un niño sale “torcido”, el azote es la única manera de corregir 

    Quienes justifican el uso del castigo físico con los niños suelen pensar que el niño “no entiende el lenguaje” o “el niño es incapaz de pensar por sí mismo”. La normal con este razonamiento es usar el sistema de premios y castigos (la amenaza, el insulto o cachete) porque según este enfoque, los niños o las niñas, al igual que las mascotas, no tienen otra forma de entender. 

    Esta actitud refleja la falta de conocimiento de los niños, de su evolución y desarrollo, de sus capacidades y emociones. Es también el resultado de cierta prepotencia ante los niños, falta de respeto, empatía y carencia de habilidades o herramientas por parte del adulto. 

    Un cachete a tiempo evita males mayores 

    El niño y la niña, en torno al año, empieza a desplazarse por sí mismo y necesita explorar el mundo que le rodea, tocarlo todo, pero se encuentra ante muchos peligros de los que no es consciente. En estos casos, se justifica la utilidad del cachete porque interrumpe la intención del niño hacia el objeto o acto peligroso, basándose en la asociación negativa: tocar o hacer es igual a susto o dolor. El niño o la niñnecesita experimentar mediante el ensayo-error, probar y conocer mediante los sentidos, para que sus capacidades intelectuales se desarrollen. Evitar este impulso castigando es contradictorio y, en la mayoría de las ocasiones, inútil porque el interés por conocer su entorno es más potente que la amenaza del castigo. Es responsabilidad del adulto fomentar la curiosidad innata del bebé y al mismo tiempo evitar exposiciones a posibles daños: no dejar productos químicos, medicinas u objetos punzantes a su alcance; poner protectores en los enchufes; tener cuidado con electrodomésticos encendidos. Es muy importante que estés siempre vigilante desde la distancia, pero también que le permitas desarrollar su autonomía mientras realiza sus incursiones y exploraciones.

    Alternativas al cachete, grito, amenaza: es posible y ¡tú puedes! 


    Ser padre o madre no es una tarea nada fácil y la mayoría intenta hacerlo lo mejor posible evitando patrones de su propia crianza con los que no está de acuerdo, o incluso repitiéndolos ante su asombro. Antes de nada, calma. El hecho de que estés leyendo esta guía indica que algo te remueve por dentro, que tienes inquietud por mejorar como padre o madre y sobre todo, que quieres a tu hijo o hija y esperas que sea feliz a tu lado.

    El niño o la niña entiende el dolor y la humillación que provoca el cachete o el insulto y lo asocia a que si no acata las órdenes, se le castiga de esta manera. Sin embargo, el castigo físico se ha demostrado que no es eficaz y, lo que es peor aún, el niño aprende que amor y violencia pueden ir de la mano, que cuando soy más fuerte puedo ejercer el poder sobre otro para imponer mi voluntad, que la inmediatez de la fuerza es más útil a la opción del diálogo y el establecimiento de límites. 

    Es verdad que la opción del diálogo y el establecimiento de límites requiere más esfuerzo, tiempo y dedicación, pero los resultados son muy positivos: ¿no vas a intentarlo? 

    Para empezar, tenemos que caer en la cuenta de que tanto educar con autoritarismo (aquí mando yo), como con demasiada permisividad (dejando que el niño o la niña haga y deshaga a su antojo o comprándoles todo lo que quieren para que nos dejen en paz), tiene consecuencias perjudiciales para ellos, para la familia y para el conjunto de la sociedad. El estilo autoritario trata de enseñar con límites impuestos por el miedo, sin espacios para razonar, dialogar y entender. El permisivo se desentiende de dar pautas y de enseñar lo que es correcto y lo que no, de respetar los derechos de otros y los propios. Uno, prepara ciudadanos sumisos o agresivos, personas a las que no se les enseña a razonar, a cuestionar o a tener criterio propio. El otro, contribuye a crear ciudadanos egoístas, que muestran bajas dosis de empatía y falta de solidaridad o respeto por el bien común. Existe un camino alternativo: la educación asertiva, que parte de comprender que nuestros hijos son personas singulares, con cualidades propias, distintas a las nuestras. Respetar su ritmo, su proceso evolutivo y actuar en consecuencia, proporcionándoles amor, seguridad y autoestima, y guiándoles con normas y límites, son las bases de esta propuesta de crianza. 

    El presente de los niños forja el futuro de su personalidad y de sus códigos de conducta cuando lleguen a la edad adulta. El niño o la niña tiene mucha curiosidad y gran capacidad de aprender. Absorben como esponjas nuestros gestos, muletillas, forma de hablar y también nuestra forma de resolver los problemas. No podemos exigir ni esperar que nuestros hijos se comporten de manera diferente a como lo hacemos nosotros, somos sus guías y referentes, tanto en lo bueno, como en lo malo. Podemos ofrecerles el mejor ejemplo con la manera en que les educamos, les guiamos y protegemos: con respeto, diálogo y confianza mutua.






    COMO EDUCAR EN POSITIVO 1º PARTE

    INTELIGENCIA EMOCIONAL

    El niño y la niña de 6 a 10 años •


     A partir de los 6 años ya voy al colegio. Me relaciono con otros niños y niñas y con profesores que desarrollan expectativas sobre mí y me enseñan nuevas normas y rutinas. Algunos niños y niñas podemos estresarnos ante estas situaciones porque tenemos que manejarnos solos, sin la supervision y presencia de los padres. A otros, en cambio, nos gusta conocer gente nueva y hacer cosas diferentes. Empiezo a relacionarme con otros niños y niñas, y pido a mis padres que me dejen pasar tiempo con mis amigos. 

    • En esta etapa soy muy sensible a la crítica y puedes dañar fácilmente mi autoestima si me reprendes duramente por los fallos que cometo. Para mí tiene mucha importancia cómo me ven los demás, que me digan que soy “bueno en algo”. 

    • Cada niño y niña tenemos una personalidad propia y un proceso de adaptación a la escuela particular. La falta de motivación, los problemas en casa, la pérdida de un ser querido o el estrés, pueden influir en que tenga poco interés por ir al cole. Es posible que si rindo poco piensen que soy vago, pero esto puede deberse a problemas para concentrarme, a que no entienda bien las instrucciones del profesor o a problemas de vista o audición. Yo no soy capaz de identificar estas situaciones y necesito la ayuda de mis padres y profesores. 

    ¿Cómo responder adecuadamente a sus necesidades?

    Debemos estar atentos a síntomas de inseguridad en la escuela ya que pueden provocar tristeza, apatía o rabia. Es necesario hablar con el niño o la niña de su cotidianidad y apoyarle y motivarle con las tareas escolares (cómo disfrutar de lo que aprenden y la importancia de la educación) para evitar sentimientos de fracaso. Equivocarse forma parte del aprendizaje, pero es necesario que averigües las razones por las que puede presentar un bajo rendimiento en el cole porque pueden ser muchas: problemas para prestar atención, de vista, de audición, de comprensión del lenguaje, de ansiedad. 

    Cada niño o niña posee unos rasgos de temperamento particulares que influirán en la manera de adaptarse y responder ante nuevas situaciones. Nunca debes compararle con otros niños o niñas y siempre debes reforzar sus esfuerzos con muestras de cariño y elogios. 

    Es muy positivo que a la hora de poner normas y sanciones contemos con su opinión, así el niño o la niña percibe que nos importa y le hacemos ser consciente de su responsabilidad en sus actuaciones. 

    En esta etapa comienza a desplegar gran parte de las conductas que ha aprendido de nosotros a la hora de resolver conflictos. Ayudarle a expresar verbalmente sus frustraciones contribuirá a que sea capaz de autorregular sus emociones y a que disminuya el nivel de malestar ante situaciones difíciles. Es importante para su desarrollo que las rutinas y horarios de sueño, higiene, ejercicio físico regular y alimentación sigan siendo estables. Esa estabilidad sigue siendo fundamental para garantizar su adecuado desarrollo y facilita el establecimiento de normas y la asunción progresiva de responsabilidades por su parte.

    Es una etapa ideal para transmitir valores de convivencia igualitaria y de justicia social. Los padres y profesores podemos corregir actitudes poco deseables o ideas prejuiciosas relacionadas con el sexo, la etnia o las discapacidades.



    OTRA FICHA DE COMPRENSIÓN LECTORA